Otra muerte engrosa la lista sangrienta de policías asesinados en la Provincia

Lo recordó alguien en estos días. Hace poco más de 50 años, los crímenes, y sobre todo entre las fuerzas de seguridad, eran tan escasos que salían en los diarios; ahora son tantos que por eso salen en los diarios.

El caso es que otro policía de la Bonaerense ha sido asesinado a sangre fría por un delincuente. Según trascendió, por esas graves falencias que invaden al Servicio Penitenciario (sobrepoblado) y la Justicia (tantos presos sin condena firme), el sospechoso había sido recientemente excarcelado.

El brutal episodio tuvo lugar en la esquina de Puerto Argentino y Primera Junta, en la localidad de Remedios de Escalada, del partido de Tres de Febrero.

El efectivo, identificado como Martín Campos (39), fue interceptado por un ladrón, quien se resistió a un control y le efectuó un disparo con una escopeta en el tórax. La víctima fue trasladada hasta el Hospital Bocalandro, pero no soportó las heridas y falleció minutos más tarde.

Como tantos otros oficiales, Campos se había alistado para defender en las calles la vida de sus vecinos, y arriesgaba la suya por un sueldo que, de seguro, no superaba la línea de la pobreza.

La suya es también la historia de los más de 10 policías que en lo que va del año murieron a manos de los delincuentes

se desempeñaba en el Gabinete Técnico Criminológico de la Comisaría 11º de Tres de Febrero y, con este hecho, la cifra de oficiales asesinados ascendió a 10 en todo lo que va del 2018.

Parte de un historial sangriento

Ensenada: el primer caído de la fuerza en 2018 fue el jefe de la Policía Local de Ensenada, Carlos Rupchienski, asesinado de dos tiros el pasado 12 de enero, cuando dejaba a una compañera en su casa de Florencio Varela.

San Pedro: el 25 de enero, el oficial Nelson Lillo, de la Policía local de San Pedro, murió después de enfrentarse a tiros con motochorros que intentaron asaltar un camión que estaba descargando mercadería en un supermercado.

El policía de 25 años intervino y se generó un feroz tiroteo que terminó con su vida y la de uno de los ladrones.

Zárate: la tercera víctima de la Bonaerense fue Diego Auce, de 38 años. El efectivo murió después de ser baleado por un hombre que se atrincheró en su casaubicada en Zárate. El atacante también fue herido de bala y perdió la vida a los pocos minutos. El hecho ocurrió el 13 de febrero en una vivienda del barrio Villa Massoni. El oficial llegó al lugar después de que un llamado al 911 alertara de una pelea entre Hugo Alberto Rubín, de 53 años, y su hijo, de 27.

Como el hombre no quería comunicarse con los policías, el Grupo de Apoyo Departamental (GAD) irrumpió en la vivienda y fue recibido a balazos. Como consecuencia del tiroteo, el oficial Auce recibió un balazo que le provocó la muerte.

Florencio Varela: el 6 de marzo, Mauro Alegre, un oficial del Comando de Patrullas de 25 años y padre de una pequeña hija, fue asesinado cuando estaba de franco. Estaba con un amigo, también de la fuerza, en la zona del cruce de Diagonal Los Tilos y Los Pinos cuando aparecieron los delincuentes y les dio la voz de alto. Los ladrones reaccionaron a los tiros y una de las balas le impactó en la espalda.

Guernica: la quinta víctima de la Bonaerense fue Simón Pinto, otro joven de apenas 28 años. El oficial murió baleado y su tío resultó herido tras evitar un robo en su casa de la ciudad de Guernica. El agente se percató de la situación cuando estaba durmiendo y tomó su arma reglamentaria para resistirse al robo, pero los asaltantes le dispararon antes de su reacción.

Glew: en julio pasado, en Glew, un delincuente entró a una casa para robar, se enfrentó con un hombre y mató de un balazo en la cabeza a su hija. Era Tamara Ramírez, de 26 años, que trabajaba en la Policía Local de Almirante Brown.

La víctima ayudó a su papá, teniente primero de la Policía Bonaerense, que estaba forcejeando con el ladrón. En ese momento, el atacante le disparó a la mujer un tiro en la cabeza y la mató, mientras que su pareja, Mariano Albornoz, de 24, recibió un balazo en una de sus piernas.

Ituzaingó: El mismo día en que murió Tamara Ramírez, la policía Lourdes Espíndola fue herida de gravedad cuando dos “motochorros” le dispararon en el cuello para robarle su arma reglamentaria en Ituzaingó. La víctima de 25 años ya había terminado sus horas adicionales y esperaba el colectivo para regresar a la casa de su suegra. Allí la esperaban su pareja y su hijo. La oficial fue trasladada de urgencia primero al Hospital de Ituzaingó en Brandsen, donde no la atendieron por la complejidad del cuadro. Fue inmediatamente derivada al Hospital Posadas, hoy al borde del vaciamiento, producto del recorte presupuestario y un tendal de despidos. Gracias al esfuerzo de los médicos, Lourdes fue intervenida por el balazo que ingresó en el cuello y perforó la arteria aorta. Más tarde, le diagnosticarían muerte cerebral.

Fuente: Diario Hoy

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